La exaltación del amor

Para empezar este post, quiero aclarar que no estoy en contra de las declaraciones públicas de amor, pero tampoco soy muy partidaria de las mismas. Pienso que la línea que separa lo romántico de lo ridículo es muy fina,  y a veces, tendemos a sobrepasarla.

Declaración

Todo esto viene tras leer hace unas semanas una de estas declaraciones en una red social, concretamente en Facebook. Una declaración que a medida que iba leyendo provocaba mayor incredulidad en mí. ¿Cómo se puede compartir algo personal como los sentimientos de esa manera y quedarse luego tan ancha? ¿Qué pasa por su cabeza cuando ha terminado de redactar y le da al botón de intro? Parémonos a pensar, ¿por qué nos gusta tanto exhibirnos? He estado dándole vueltas al tema, para ver de qué forma lo exponía sin dañar muchas sensibilidades y he llegado a esta conclusión.

La exaltación pública del amor o como yo lo llamo: momentos de vergüenza ajena, debemos reconocer que gracias a las anteriormente citadas redes sociales, está aflorando. Antes sólo se compartían, si acaso, en los círculos más íntimos, o se limitaban a ser meramente televisivos. Estos declarantes pensaban que ante el presentador de turno y toda España (eso lo recalcaban bien), su argumento cobraba más fuerza. Porque claro, gritar el amor a tu pareja los cuatro vientos ante todo el país, son palabras mayores.

EspejoSoy partidaria de expresar los sentimientos por escrito. Por supuesto. No hay nada que me parezca más maravilloso que sentarse papel y lápiz en mano y plasmar todo lo que pasa por tu cabeza para más tarde, si quieres, compartirlo con el interesado. Creo que se llama carta de amor o notita en la nevera antes de irte al trabajo o mensaje en el espejo del baño al maquillarte (luego hay que limpiarlo, pero  ¿ no te encantaría despertar y encontrarlo ahí?). No hace falta que el vecino sepa que os queréis, creedme, no le interesa y a veces, hasta le genera envidia.

Por último, quiero aclarar que hay declaraciones públicas y declaraciones públicas. No digo que todo deba hacerse de puertas para dentro y  luego de cara al exterior ser más frío que un tempano de hielo, ni que perdamos la espontaneidad o no tengamos momentos de locura. Pero entre colgar un candado en el Ponte Vecchio, como los protagonistas de mi novela o escribir una frase como la de  A tres metros sobre el cielo de Moccia, para que el resto del mundo se muera de envidia y se pregunte quiénes serán; y hacerlo en tu muro de Facebook  con una parrafada más empalagosa que el melocotón en almíbar y acompañarlo con un reportaje fotográfico de la pareja, en mi opinión, hay una gran diferencia. Tan simple como perder la magia del anonimato y que el momento deje de perteneceros.

Pero por supuesto, cada uno es libre de expresar sus sentimientos del modo que quiera, Dios me libre de juzgara a nadie.

¡Feliz fin de semana!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s