Atreverse

Es curioso cómo cambia nuestra percepción del tiempo a medida que pasan los años. De niño, cuando apenas tenemos responsabilidades y nuestra única preocupación es jugar, los días no acaban. Quién no recuerda esos veranos que se hacían eternos en los que al final, hasta tenías ganas de volver a la rutina del colegio para ver a tus amigos.

Cuando nos hacemos adultos, a medida que sumamos responsablilidades, parece que a los días les restasen horas y vivimos con la angustiosa sensación de que no llegamos a todo.

La otra tarde hablaba con una amiga de lo cierto que era ese rerfrán de “Si la juventud supiera y la vejez pudiera”. Conozco a mucha gente  que dice que si volviese atrás en el tiempo lo harían todo exactamente igual. Yo no. Yo cada día que pasa estoy más convencida de que me atrevería más. Dejaría atrás el miedo y sería más aventurera. Le daría a las cosas la importancia que tienen en realidad.

salto

Lamentarse de no haber aprovechado el tiempo no sirve de nada, sólo que para seguir perdiéndolo. Lo único que queda esa cambair de actitud. Supongo que es imposible haberlo sabido antes, porque esa sabiduría sólo se gana con la experiencia, pero las cosas hubiesen sido tan diferentes… Y eso que hasta hoy puedo decir que en comparación con otros, he exprimido el tiempo bastante. He viajado, me he enamorado, he querido e odiado, todo con mucha intensidad, pero para mí no lo suficiente.

Supongo que por eso escribo, para vivir lo que me falta, para actuar de la forma que me hubiese gustado hacerlo, para sentir que aprovecho todavía más cada segundo de mi existencia.

Como desde hace tiempo, decidí darle a cada cosa la importancia que merece y sólo busco el lado positivo, me alegro de haber hecho esta reflexión porque es un primer paso. Ahora únicamente me queda seguir tachado tareas pendientes de mi “Lista de cosas por hacer”

PD. Este post lo escribí ayer viernes y lo dejé sin publicar porque quería corregirlo. Me fui a un tema relacionado con el trabajo, donde escuche una conferencia que me hizo pensar qué estaba haciendo para ser feliz. El ponente contaba que a los treinta y dos años se lo preguntó. Es la misma edad que yo tengo ahora y me planteo muchas de las cuestiones que él contaba. Me sentí muy bien al saber que no es tan tarde como yo creía para hacerse este tipo de preguntas, y que no soy la única desequilibrada que lo hace, aunque es muy difilcil encontrar a alguien que también lo haga, o mejor dicho, que te lo cuente.

Ahora sí.

¡Feliz fin de semana!

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