Dos novelas a la vez

Me ha vuelto a pasar. Tenía súper clara una idea en la que ya estaba trabajando y se me ha cruzado otra historia que he tenido que empezar.

Como la mayoría de escritores, tengo una libreta en la que apunto ideas para tirar de ellas en los momentos de bloqueo y falta de inspiración, pero desde hace unos días, una de esas historias ha cobrado fuerza.

Ya me ocurrió con mis dos últimas novelas, de hecho, ha sido el motivo de que haya tardado tanto en terminar “Sigo soñando contigo”. Iba alternando una y otra, pero “El primero de un millón de besos” me absorbía tanto que dejé la otra a un lado.

Caminos

Al principio pensé que no saldría bien, pero tenía ambas historias tan claras y los personajes tan definidos, que en ningún momento dudé si un comentario era hecho por un personaje u otro.

La historia con la que estoy ahora, ya la empecé antes de terminar “Sigo soñando contigo” y a día de hoy llevo escritas unas cien páginas. Estoy entusiasmada con ella, pero eso no ha podido evitar que empiece a plantear escenas y personajes de otra. Aún no he escrito ni una sola palabra, pero estoy segura de que lo haré en unos días.

A ver qué pasa…

¡Buen fin de semana!

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Atreverse

Es curioso cómo cambia nuestra percepción del tiempo a medida que pasan los años. De niño, cuando apenas tenemos responsabilidades y nuestra única preocupación es jugar, los días no acaban. Quién no recuerda esos veranos que se hacían eternos en los que al final, hasta tenías ganas de volver a la rutina del colegio para ver a tus amigos.

Cuando nos hacemos adultos, a medida que sumamos responsablilidades, parece que a los días les restasen horas y vivimos con la angustiosa sensación de que no llegamos a todo.

La otra tarde hablaba con una amiga de lo cierto que era ese rerfrán de “Si la juventud supiera y la vejez pudiera”. Conozco a mucha gente  que dice que si volviese atrás en el tiempo lo harían todo exactamente igual. Yo no. Yo cada día que pasa estoy más convencida de que me atrevería más. Dejaría atrás el miedo y sería más aventurera. Le daría a las cosas la importancia que tienen en realidad.

salto

Lamentarse de no haber aprovechado el tiempo no sirve de nada, sólo que para seguir perdiéndolo. Lo único que queda esa cambair de actitud. Supongo que es imposible haberlo sabido antes, porque esa sabiduría sólo se gana con la experiencia, pero las cosas hubiesen sido tan diferentes… Y eso que hasta hoy puedo decir que en comparación con otros, he exprimido el tiempo bastante. He viajado, me he enamorado, he querido e odiado, todo con mucha intensidad, pero para mí no lo suficiente.

Supongo que por eso escribo, para vivir lo que me falta, para actuar de la forma que me hubiese gustado hacerlo, para sentir que aprovecho todavía más cada segundo de mi existencia.

Como desde hace tiempo, decidí darle a cada cosa la importancia que merece y sólo busco el lado positivo, me alegro de haber hecho esta reflexión porque es un primer paso. Ahora únicamente me queda seguir tachado tareas pendientes de mi “Lista de cosas por hacer”

PD. Este post lo escribí ayer viernes y lo dejé sin publicar porque quería corregirlo. Me fui a un tema relacionado con el trabajo, donde escuche una conferencia que me hizo pensar qué estaba haciendo para ser feliz. El ponente contaba que a los treinta y dos años se lo preguntó. Es la misma edad que yo tengo ahora y me planteo muchas de las cuestiones que él contaba. Me sentí muy bien al saber que no es tan tarde como yo creía para hacerse este tipo de preguntas, y que no soy la única desequilibrada que lo hace, aunque es muy difilcil encontrar a alguien que también lo haga, o mejor dicho, que te lo cuente.

Ahora sí.

¡Feliz fin de semana!

Algo más que una ama de casa que escribe

Bloqueo mental del escritor. Busco en google cómo salir de esta situación y la mayoría de los post y artículos que leo dicen: sal a pasear o escribe sobre otra cosa. Hace frío, y con la chimenea encendida ya no me apetece salir, así que opto por lo segundo.

Vale, escribo. ¿Sobre qué?  Pienso. Se enciende la bombilla: un post para el blog, que esta semana me lo he saltado.

Ideas: la Navidad y algunas cosas de ella que odio; propósitos de año nuevo que mientras escribo en mi libreta sé que no cumpliré; o mejor, sobre el cabreo que he cogido esta mañana cuando, mi maravillosa relación con la tecnología y yo, hemos perdido las diecinueve páginas (que Dios y ayuda tanto me habían costado escribir) de una nueva novela. También podría hacerlo sobre cómo me he atascado en la segunda parte de otra, de tal manera que, sabiendo el final, jamás consigo llegar a él. Sí, es desesperante dar vueltas y vueltas a lo mismo y no avanzar.

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Tampoco vale ese consejo de alternar dos historias. No dudo que haya a quien le sirva, pero no es mi caso. Yo lo único que he conseguido ha sido liarme más.

Sé lo que quiero escribir, pero no sé cómo. Esta vez no he ido a lo loco como en mi primer libro, siguiendo la brújula interior. No, me lo he currado y tengo una cartulina (de color rosa, por supuesto) con el orden de las tramas, las escenas y qué va a suceder en cada una. Súper orgullosa de mí misma me sentí cuando lo terminé porque hacía mucho que no realizaba trabajos manuales, y había olvidado lo que relajan. Logro encauzar la cosa, desarrollo un poco y hoy, pierdo el trabajo. Y yo, que como ya he contado alguna vez soy muy de las señales, me pregunto: ¿será una señal?

El no avanzar durante días y ahora esto me ponen en duda, a pesar de que sigo pensando en los personajes y su historia de forma constante. No me los quito de la cabeza, así que me siento frente al ordenador y escribo, pero con la sensación de que no vale. No son más que palabras juntas que al leerlas no me dicen nada. No me tocan la fibra, no me emocionan, tal vez porque no salen del alma. Bienvenida de nuevo, amiga vergüenza.

La vida son ciclos y los estados de ánimo también. Llevo unos días pensando que mi trabajo no es suficientemente bueno, aun así, compensa levantarme tan temprano cada mañana para vomitar sobre el papel lo que llevo dentro. Tal vez así, poco a poco, encuentre mi propio yo, mi propio estilo.

Me comparo con otros. Una estúpida manía que tengo desde niña, y siempre llego a la conclusión de que sea lo que sea, los demás lo hacen mejor que yo. Falta de autoestima creo que se llama. Me bloqueo al describir las escenas, veo la facilidad con la que lo hacen el resto y es más frustrante aún. Hasta llegó a pensar que no sirvo para esto.
En algunos de los últimos libros que he leído, desde las primeras páginas intuyo la trama. Aun así, me engancho porque me parece mejor que lo que yo hago y se trata de aprender, ¿no? Luego con otras pienso, ¿por qué tanto bombo si llevo medio libro y todavía espero que pase algo que haga seguir con ella? Y temo que me suceda a mí.

Esta mañana mientras maldecía a mi ordenador, recordé que cuando estaba en la facultad escribí la trama y personajes de una telenovela (otro día hablaré de mi atracción por ellas) para presentar a un concurso de un canal de televisión mexicano. Aunque mis amigas me decían que les encantaba, nunca lo envié. Quizás ahora sea el momento de desempolvarla y hacerla novela.

Podría permanecer así, escribiendo sin pensar hasta cansarme, bebiendo Coca Cola toda la noche hasta quedarme dormida sobre el teclado porque el cansancio ha podido conmigo y mi cabeza no da para más. Tal vez, luego tenga que borra todo lo adelantado, pero sentiré que por unas horas he sido dueña de mi tiempo, aunque no sepa cuánto ha pasado.

ama de casaEs hora de terminar. Ha estado bien la experiencia. Pero sigo igual. Bueno no del todo, he prometido un post sobre las telenovelas y yo (hay que ver el lado positivo de las cosas). Oye, parece que esto funciona…

En fin, también he leído por ahí que planchar ayuda. Voy a ello, a ver si después, de madrugada cuando vuelva a mi nueva novela y lea lo escrito, pueda sentirme algo más que una ama de casa que escribe.

¡Hasta el próximo año!

Come fly with me

Poco hay en común entre estas dos escenas salvo que sus protagonistas son una pareja volando en un avión. Eso mismo tienen que ver con la historia a la que estoy dando vueltas hace unos meses. Han resultado ser una gran fuente de inspiración. Y es que no hay mejor forma de impresionar a alguien, que llevándolo a volar.

Continuará…

¡Feliz semana!

Bendita paciencia

Bendita paciencia. Cuando decidí que quería compartir lo que escribía con el mundo, un editor amigo de una amiga me dijo que lo primero que debe ser un escritor es paciente. Según él, yo ya lo había sido por el simple hecho de comenzar a escribir una historia, dejarla apartada dos años creyendo que no sería de capaz de continuarla y ponerle el punto final, para retomarla pasado ese tiempo y darle fin. Qué curioso, ahora siempre tengo más de una idea en la cabeza. Demos gracias a que las musas de la inspiración no me han abandonado todavía.

A lo que íbamos, con los años vamos cambiando y yo estoy perdiendo la paciencia. La verdad, es que nunca he sido paciente, pero podía controlarlo. No puedes hacer otra cosa cuando trabajas en un espacio tan reducido como es la cabina de un avión y te toca volar cinco horas con un compañero que se pasa todo el tiempo tarareando sin abrir la boca una cancioncilla que solo dice: umm umm umm. Solo puedes abandonar el lugar mentalmente, abstraerse creo que se dice.

 

 

En otros lugares de trabajo tienes la opción de abandonar un rato tu mesa, salir a despejarte un momento a la calle, a la cafetería… pero dentro de un avión te aguantas hasta que llegas a tierra, aunque ese día, una de las compañeras te provoque ganas de abrir la puerta y sacarla de allí a riesgo de provocar una descompresión explosiva. El caso de algunos pasajeros, merece un post aparte.

Con la escritura me he vuelto impaciente. Como desafortunadamente mi tiempo para escribir es limitado (como el de tantos escritores) quiero aprovechar al máximo el par de horas que le dedico al día, y me frustra mucho que me marcho a recoger a los niños al cole con la sensación de que no he avanzado nada.

descarga (2)Ayer fue uno de esos días en los que, a pesar de sacar adelante otros trabajos, yo lo considero casi perdido. Necesito acabar con lo que tengo entre manos. Calculaba tener el boceto listo para antes de Navidad, pero me he embarcado en otra cosa que ha hecho que lleve dos semanas de atraso. Una vez más, estoy impaciente por acabarlo.

Una de mis frases favoritas es: ” La constancia es la virtud por la que todas las cosas dan su fruto”, paradójicamente para ser constante supongo que antes habrá que ser paciente, si no, es imposible que puedas repetir algo hasta que lo consigas o dedicarle cada día tiempo hasta finalizarlo. Pero yo sigo definiéndome como más constante que paciente.

¡Feliz fin de semana!

¿Todos los protagonistas son guapos?

Si hablamos de novela romántica, la mayoría, sí. Lo afirmo de forma rotunda; o la menos, deben serlo.

La semana pasada estuve en el JAR (voy a hacer un post sobre esto) y fue una de las cuestiones que surgió. Nadie pudo explicarlo, pero tengo la teoría de que si no fuese por eso, no se venderían. O para no ser tan exagerada, se venderían muchos menos. Es cierto que a muchas les cansa un poco eso de que todos los protagonistas parezcan cortados por el mismo patrón: Guapo-guapísimo, fuerte, súper inteligente, deportista, rico… y si ya es malo malote, como diría una ex compi de trabajo, mejor que mejor. Pero la mayoría de estos libros triunfan en las listas de ventas, así que reconozcamos que no sabemos lo que queremos. Nos quejamos, pero luego, nos encantan las historias donde los chicos son así.

¿Por qué será que en casi todas las novelas la formula mágica es: chico espectacular +chica un poco menos guapa? ¿Será por eso de sentirnos identificados con los protagonistas? ¿Acaso las personas normales no se enamoran, sufren por amor, discuten o se reconcilian? Opino que si la historia es buena y la trama bien desarrollada una novela con un protagonista menos atractivo puede funcionar. A mí lo que me engancha de un libro es saber qué pasará con ellos, cómo terminarán, si volverán a discutir y a dejarlo otra vez…, que sean más o menos guapos llega un momento en el que casi lo olvido. Normalmente, según la personalidad que tiene, lo asocio con alguien con el que no tendría nada que ver en lo físico.

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Os quiero poner un ejemplo real de que esas historias existen y podrían funcionar: tenía una amiga de la facultad. Era guapa. La típica que ligaba cada vez que salíamos, de esas a las que los chico no dejan en paz. A ella, que nunca le interesaba ningún, chico le encantaba un compañero de clase. Uno en particular, el típico buenazo. El que pasa desapercibido porque es más bien del montón, despeinado, con gafas… No destacaba, pero ella decía que tenía algo que le encantaba, algo inexplicable que hacía que no pudiese dejar de mirarlo. Él se ponía muy nervioso cuando ella le hablaba, aunque intentaba no aparentarlo. Me gustaba mirarlos cuando hablan o trabajaban juntos en el algún grupo de clase. Eran diferentes pero tenían “algo”. No podía dejar de pensar cómo sería sus historia. Me hubiese encantado que la hubiese. Tal vez algún día la invente yo. Nunca tuvieron nada, únicamente en la fiesta de graduación ella le sacó a bailar y el aceptó encantado, sin timidez ni miedo. Tal vez el ron… Al verlos todos decían: mirad qué pareja. Sí, la extraña pareja. ¿Por qué no?

Acaba de encenderse la bombilla, a ver qué saco de esto.

¡Feliz semana!