Kiss me before flight. Capítulo 6: Divertirse y jugar

capítulo 6

 

—¿Puedo saber qué te pasó en la barbacoa para que huyeras de esa forma? —preguntó Kelly maquillándose los labios con ayuda del espejo del parasol delantero.

Tras discutir con Kevin en el mar, Megan se marchó a casa sin despedirse de nadie. Ella estaba tan entretenida con Taylor que se dio cuenta de que no estaba un rato después, cuando se lo dijo Kevin con una sonrisa que delataba que algo había pasado entre ellos.

—Discutí con el imbécil de Air Shack. Te juro que no puedo con él —confesaba aferrada al volante con fuerza.

—Se llama Kevin —le dijo Kelly, mirándola divertida.

Su amiga estaba inmersa en la primera fase de su enamoramiento: caerle mal el chico en cuestión. Luego se liaría con él y seguiría diciendo que no lo soportaba pero repetiría. Con Ted había sido exactamente igual.

—¿Kevin? —Hasta ese momento desconocía su verdadero nombre y no se había dado cuenta de ese detalle.

—Sí, Kevin. Y claro que lo soportas. Es más, estás deseando volver a verlo porque te encanta.

—Siempre crees saberlo todo. —Megan se dirigió a su amiga, desviando unos segundos los ojos de la carretera. El vehículo estaba detenido en un semáforo—. Pero esta vez te equivocas.

—Claro que sí —se burló Kelly muy segura de sí misma mirando a través de la ventanilla—. De la próxima vez que os encontréis no pasa que te líes con él.

Megan se carcajeó con fuerza al verla tan segura. ¿Tan evidente era que no podía resistirse a ese cadete? Le daba igual su discusión de la playa o el enfado que le produjo que se apartara en el intento de beso. Había vuelto a San Diego dispuesta a disfrutar del verano y lo que le ofreciese, y en esas estaba. Lo suyo con Kevin era un juego y ambos estaban dispuestos a divertirse y jugar.

—Va a ser pronto. —Kelly la miró sorprendida alzando las cejas. Algo se estaba perdiendo—. Tengo su placa identificadora. Pero no va a pasar nada entre nosotros —aclaró Megan, sabiendo que era una mentira muy gorda—. Que tú no hayas podido resistirte a Taylor no significa que yo vaya a hacer lo mismo.

—Podríamos salir una noche los cuatro.

—Ni lo sueñes. —No quería una relación con nadie en ese momento de su vida, y mucho menos con un picaflor como Kevin. Ya tuvo bastante con Ted.

—¿El 4 de Julio? —insistía Kelly como si no la escuchase.

—Ni hablar.

—Pero si está increíble. ¿Qué problema tienes?

—Ninguno —respondió cogiendo su bolso para salir del coche, ya aparcado ante el edificio de oficinas en el que las esperaban para su reunión—. Deja el tema y céntrate en lo que nos interesa.

—¡Sí! Nuestros bikinis —exclamó Kelly rodeando a su amiga por los hombros. Después de dar el primer paso para su negocio tendría tiempo de tramar un plan para convencer a Megan.

 

Sorprendentemente Kevin estaba agradeciendo el castigo de McCain. Desde que estuvo a punto de besar a Megan en la playa no había podido quitársela de la cabeza, impidiéndole concentrarse en nada y eso no hubiese sido bueno para volar.La escena de ellos dos en el agua, con sus cuerpos rozándose se repetía en su cabeza a todas horas. Estaba a punto de llevarlo al delirio.

Jamás le había pasado eso con una chica. Si se le insinuaba a alguna y lo rechazaba, cosa que solo había sucedido en un par de ocasiones, se daba la vuelta y buscaba a otra con la que pasar un buen rato. El sábado no quiso buscar a ninguna a pesar de las múltiples posibilidades. Su única opción era Megan y no iba a parar hasta tenerla jadeante bajo su cuerpo.

—¿Por qué no fuiste anoche al Sunset? —preguntó Bob en voz baja. El instructor escribía en la pizarra con el murmullo de los chicos de fondo.

—No me apetecía. —Su respuesta fue cortante. Tampoco le apetecía hablar.

—No tendrás miedo de Estella, ¿verdad? —Cuestionó su compañero de vuelo—. Está muy enfadada, pero yo creo que si le sonríes dos veces como tú sabes te perdonará y te abrirá de nuevo su cama. Está muy colgada de ti.

—No va  a volver a pasar nada entre nosotros —aclaró con voz más fuerte de lo que le hubiese gustado—. Solo somos amigos. Y ella tiene que entenderlo. —El tono de Kevin dejaba ver su enfado.

—Como veo que ustedes dos ya lo saben todo y tienen entre manos asuntos más importantes que las tácticas de vuelo, van a recoger sus cosas e irse fuera de clase. —El resto de pilotos con los que compartían clase se giraron hacia la última fila, centrándose  en ellos.

Sin mediar palabra y de mala gana, Kevin y Bob recogieron sus manuales y salieron del aula.

—No digas nada —pidió Kevin alzando la mano cuando su compañero de vuelo lo seguía por el pasillo para disculparse. A fin de cuentas, era él quien estaba insistiendo en mantener aquella conversación que había terminado por sacar a Kevin de sus casillas.

—Al menos reconocerás que estás bastante irascible desde que la princesa McCain está cerca.

—A mí la princesa McCain me la suda. ¿Lo entiendes? Puede hacer con su vida lo que le dé la gana.

—Ya veo que sí —le dijo poniendo una mano sobre su hombro para detenerlo—. Relájate, o va a resultar demasiado evidente para el resto que la hija de McCain te vuelve loco.

Kevin le mostró una amplia sonrisa que le daba toda la razón a Bob. Tantas horas de vuelo juntos les estaban sirviendo para conocerse demasiado bien. Megan McCain y su indiferencia le estaban llevando a rozar la locura.

—Antes de marcharse me dijo que suplicaría por besarla. —Bob soltó una fuerte carcajada.

—Amigo, voy a sufrir tu ira durante mucho tiempo, porque no creo que vayas a suplicarle nada —reconoció antes de meterse un chicle en la boca.

—Vas a sufrirla menos de lo que crees, no voy a suplicarle nada —anunció con seguridad, apoyando la espalda en la fachada del edificio. A pesar de llevar las gafas de sol puestas, por su pícara sonrisa, Bob podía intuir el brillo de sus ojos al tener ya un plan—. Ni siquiera voy a hablarle. Voy a bajarle los humos en un instante, y será ella la que suplique por más.

—¿Comemos en Lou´S? —Al estar suspendidos de vuelo, tenían la tarde libre.

—No puedo. Voy a esperar a que termine la clase para hablar con Taylor. —Bob frunció el ceño. ¿Para qué quería hablar con él?—. Tengo que dar con Megan para que me devuelva mi chapa identificadora antes de que McCain la encuentre en su casa.

—¿Cómo que la tienen ella? —preguntó sorprendido. ¿A caso no le había contado algo de lo que pasó en la barbacoa?

—Me la quitó el otro día para coger su anillo y, como se fue cabreada cuando me aparté del beso, se marchó sin devolvérmela.

—Y tú estás sufriendo de lo lindo con la idea de que McCain la encuentre y piense que te has tirado a su hija, ¿verdad?  —ironizó Bob, sabiendo que su amigo se moría porque eso pasara. Kevin esbozó una media sonrisa. Su amigo había dado en el clavo una vez más.

—No sabes el morbo que me da que McCain pueda encontrar la chapa en su casa —confesó manteniendo esa pícara sonrisa mientras fantaseaba con la posibilidad—. Solo con imaginarme la cara…

—¿Aunque luego te volara la cabeza? Tío, estás muy mal. Te tiene completamente atrapado.

El reloj marcó el final de la clase, Kevin se despidió de Bob y volvió a entrar en el edificio. Tropezó con Taylor saliendo de clase.

—Eh, Taylor. ¿Sabes dónde puedo encontrar a Kelly? —Prefirió no desvelar el objetivo de su verdadero interés.

—¿Por qué iba yo a saberlo?

—Porque todos sabemos que no la vas a dejar escapar sin rematarla —dijo refiriéndose  a que no se iba a conformar con los besos que se dieron en la barbacoa. Taylor siempre quería más. El chico rio al sentirse descubierto.

—He quedado esta tarde con ella. ¿Qué te pasa?

—Necesito encontrar a su amiguita antes de volver a ponerme en vuelo.

—¿Problemas con su papá? —preguntó con retintín.

—Aún no —dijo sabiendo que McCain entraría en cólera si tenía algo con Megan. Y era cuestión de tiempo que así fuera.

—Llámala —dijo Taylor pasándole el teléfono de Kelly por whatsapp.

Antes de salir del edificio Kevin le había enviado un mensaje a Kelly preguntándole cómo encontrar a Megan. Las chicas volvían satisfechas de su reunión y se dirigían a tomar un aperitivo para celebrarlo.

—Madre mía —exclamó Kelly cogiendo del brazo a Megan para que se detuviese y llamar su atención—. Hola, soy Kevin. ¿Me ayudas a encontrar a tu amiga?—leyó Kelly.

—Vamos, puede ser cualquier amiga —dijo Megan restándole importancia, volviendo a andar.

—Tiene que darme algo que se llevó —continuó leyendo los mensajes—. Meg, definitivamente eres tú.

Kelly empezó a responder, con cada mensaje su sonrisa se hacía más grande. Tenía ante ella la ocasión perfecta de que volvieran a verse y no iba a desaprovecharla.

—¿Qué haces? —Megan conocía a su amiga y temía lo que pudiese hacer—. Dile que mañana se la lleva Taylor a la escuela.

—¿Taylor? —preguntó Kelly apartando la vista de la pantalla por un instante.

—Has quedado esta tarde con él, ¿no? —La chica asintió—. Pues ya está, te la llevas y se la das. Problema resuelto.

Pero en lugar de eso Kelly escribió Vamos a comer en Lou´s, pásate. A Megan le encantará verte acompañado de un emoticono que guiñaba un ojo y sacaba la lengua.

Estoy seguro de que sí respondió Kevin con uno que forzaba la sonrisa.

En un rato estoy allí continuó. A lo que Kelly envió un pulgar alzado.

Las chicas empezaron su almuerzo analizando la reunión con la empresa que les cosería las prendas. Habían logrado un buen acuerdo, pero ahora les quedaba lo más difícil: buscar ellas mismas tiendas que estuviesen dispuestas a vender sus creaciones. Para empezar era la mejor opción. Según las ventas ya se plantearían buscar un distribuidor que ahora seguramente se llevase los pocos beneficios que tendrían.

capitulo 6-2Kevin llegó al restaurante, pero antes de bajar del coche lo aparcó enfrente y se permitió unos minutos para mirarla. Su forma de gesticular, su risa, cada uno de sus movimientos lo estaba matando y él se sentía encantado de estar sometido a aquella tortura. Imaginar que ocupaba el lugar de Kelly y podía recrearse en Megan mucho más cerca.

Después la conversación volvió a centrarse en el tema chicos, con los cadetes como protagonistas. Cuando Megan repetía lo idiota que le parecía Kevin, Kelly la interrumpió.

—Hablando del rey de roma… —dijo alzando la mano para saludar a alguien. Por su bien, Megan esperaba que fuese Taylor.

—Por fin te encuentro. —Su voz era inconfundible. ¿Cómo podía ser que activara sus sentidos solo oírlo?

Se giró para comprobar que estaba en lo cierto y tuvo que echar mano de su autocontrol para que no se notase su sonrojo. Su corazón comenzó a latir deprisa a medida que se acercaba y comprobar de cerca lo bien que le sentaban los vaqueros caídos a la cadera y la camiseta blanca que ocultaba el perfecto torso que descubrió en la playa.

—¿Qué quieres? —contestó Megan de mala gana al verlo retirar una silla con absoluta confianza para sentarse con ellas en la mesa. La garganta se le secó cuando descubrió sus ojos, al colocar sus gafas de sol sobre la frente, y clavó la mirada en la suya.

—Lo que es mío. La chapa. —Quería muchas cosas de ellas, aquel trozo de metal era lo de menos pero prefirió ser sutil y actuar cuando estuviesen a solas. Apoyó los codos en la mesa y se echó hacia delante quedando muy cerca de Megan. Por su parte, él también luchaba contra sus instintos, que le pedían devorar su boca sin contemplaciones aunque estuviera en compañía de su amiga.

La tensión sexual entre ellos se podía cortar con un cuchillo, cosa que a Kelly parecía divertirle por su sonrisa. Cuanto más nerviosa se mostraba Megan, era signo de que más le gustaba el chico.

—Como imaginarás, no la tengo aquí. —Volvió a tirar de su chulería—. Está en mi casa.

—Vaya…, creí que la llevarías colgada del cuello para fantasear conmigo. —Kevin fingió decepción.

—Tengo una duda —dijo Megan apoyando la espalda en el respaldo de la silla. Necesitaba que el aire corriera entre ellos—. ¿Siempre eres así de presuntuoso?

—Solo cuando me gusta mucho una chica. —Kelly ahogó un grito de entusiasmo mientras Kevin copiaba la postura de Megan, que con aquella confesión se había quedado sin palabras—. Bueno, ¿vamos a tu casa?

—¿Bromeas? —Acababa de decir la mayor locura que hubiese escuchado nunca.

—No suelo bromear con estas cosas. ¿No querrás que tenga que contarle a tu padre dónde está y cómo ha llegado allí cuando me pregunte por ella?

—No, se la daré a Taylor. Él te la llevará mañana a la escuela.

—Ni lo sueñes. Tú te la llevaste y tú me la devuelves.

—Lo veo justo —dijo Kelly, que alternaba la mirada de uno al otro como en un partido de tenis.

—Kelly… —Kevin guiñó un ojo a la chica agradeciéndole el apoyo ante la queja de su amiga.

—Y después de esto me dejarás en paz.

—Para siempre. —Kevin intentaba aguantar la risa que le provocaba verla tan seria. No se lo creía ni ella que iba a dejarla escapar.

—Está bien —cedió Megan finalmente—. A las siete en Balboa Park.

Kevin se levantó de la silla satisfecho, aquel lugar le ofrecía miles de opciones para retenerla y pasar algo de tiempo con ella. Caminó unos pasos y volvió a dirigir su mirada hacia Megan.

—No te pongas muy guapa, Meg. No quiero acabar suplicándote nada —dijo haciendo referencia a la frase de ella antes de marcharse de la playa.

Bajó las gafas de sol y se dirigió al coche muy seguro de que esa noche las cosas entre Megan y él cambiarían para siempre. Todo estaba en su mano.

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